¿Qué tan importante es que los niños jueguen? Favorece el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social.
9 de julio de 2026

En una sociedad centrada en el rendimiento académico temprano, el juego ha comenzado a ser visto erróneamente como una simple forma de entretención. Sin embargo, jugar no es una pérdida de tiempo: es una necesidad fundamental para el desarrollo infantil y una de las principales herramientas mediante las cuales niños y niñas aprenden a relacionarse con el mundo.
Diversas investigaciones sostienen que el juego favorece el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social, permitiendo que los niños desarrollen habilidades como la creatividad, la resolución de problemas, la comunicación, la empatía y la autonomía.
Además, el Ministerio de Educación de Chile señala que jugar fortalece la salud integral de niños y niñas, favoreciendo procesos neurológicos, emocionales y de maduración durante la infancia.
Pero ¿qué ocurre realmente cuando un niño juega? Lejos de ser una actividad “sin sentido”, durante el juego los niños organizan pensamientos, ponen a prueba habilidades corporales, aprenden a esperar turnos, seguir reglas, tolerar frustraciones y resolver conflictos. Incluso algo tan cotidiano como respetar las instrucciones de un juego implica procesos complejos relacionados con la atención, la memoria, la planificación y el control de impulsos.
El juego también permite desarrollar habilidades sociales fundamentales. Cuando los niños acuerdan reglas, negocian roles o esperan su turno, aprenden sobre convivencia, empatía y comunicación.
A nivel emocional, jugar ayuda a expresar miedos, inseguridades y emociones difíciles de verbalizar. El juego simbólico como “jugar a la casita”, perseguirse o esconderse, permite elaborar experiencias y comprender el entorno desde un espacio seguro.
Otro aspecto relevante es que el juego dispone al aprendizaje, es jugando que los niños aprenden a planificar acciones, probar soluciones, anticipar consecuencias y desarrollar pensamiento lógico y creativo.
Especial preocupación existe hoy por la disminución del juego libre y espontáneo, especialmente tras el aumento del tiempo frente a pantallas y la reducción de espacios de interacción entre pares, recuperar el juego se ha transformado en un desafío para las familias y las comunidades educativas, debido a su impacto en la salud física y mental.
El juego no se entiende únicamente como recreación, sino como una ocupación central en la infancia, mediante la cual niños y niñas desarrollan habilidades necesarias para participar en la vida cotidiana, aprender, comunicarse y construir identidad. Por ello, respetar los tiempos de juego, promover espacios seguros y valorar su importancia es también una forma de cuidar el desarrollo y bienestar infantil.
Daniela Estobar
Académica de la Escuela de Terapia Ocupacional
Universidad Andrés Bello
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