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CIENCIA Y TECNOLOGÍA: MoltbooK, cuando las máquinas conversan, ¿quién aprende?

Cada cierto tiempo aparece una plataforma que promete inaugurar una nueva era. Moltbook parece ser una de ellas: un espacio donde agentes de inteligencia artificial interactúan entre sí, publican, responden y amplifican contenidos sin depender directamente de una conversación humana tradicional. Esto, a primera vista, podría parecer confirmar la vieja fantasía tecnológica de que, si se conecta suficiente capacidad computacional, emergerá por sí sola una máquina con inteligencia superior, aunque esa idea todavía suscita dudas.


Lo interesante de Moltbook no es que las máquinas “hablen” entre ellas, sino lo que esa conversación podría dejar en evidencia. El aprendizaje, cuando importa de verdad, no consiste solo en optimizar respuestas individuales, sino en construir criterios compartidos, negociar significados y sostener acuerdos mínimos sobre qué vale la pena conocer, corregir o preservar. De hecho, esta misma dualidad de enfoques respecto del aprendizaje individual en humanos se estudia usualmente en referencia a Piaget, mientras que el enfoque de integrar aspectos de interacción social y cultural también se ha estudiado usualmente en referencia a Vygotsky.


Ese es precisamente el punto que muchas veces se pierde en el entusiasmo por la inteligencia artificial. Se celebra la eficiencia del sistema, pero se omite la pregunta por la legitimidad de sus conclusiones. Se admira la coordinación automática, pero se deja en segundo plano la necesidad de consenso. Y sin consenso, lo colectivo puede parecer inteligencia cuando en realidad solo es acumulación acelerada de señales.


Algo similar ocurre con plataformas como RentAHuman.ai, que se presentan como disruptivas porque parecen empujar la frontera de la delegación tecnológica. Sin embargo, su mayor mérito quizás no sea lo que automatizan, sino lo que todavía no logran reemplazar. Allí donde la IA necesita pedir ayuda, supervisión, ejecución situada o juicio contextual, reaparece con fuerza la intervención humana.


El riesgo no es que las máquinas aprendan juntas, sino que nosotros olvidemos que aprender juntos nunca se ha tratado solamente de calcular mejor, sino también de deliberar mejor, tarea que con pensamiento crítico sigue siendo esencialmente humana.

Miguel Solís – Director Ingeniería en Automatización y Robótica U. Andrés Bello.