INTERNACIONAL: De misiles a microondas: la guerra invisible que llevamos en el bolsillo.
10 de marzo de 2026

Si le pregunto qué tienen en común su horno microondas, el GPS que usa para evitar el taco matutino y la mismísima internet en la que probablemente lee esta columna, la respuesta parece sacada de una novela de espías: todos nacieron como proyectos militares. Históricamente, la guerra ha sido un acelerador brutal de la innovación humana. Para captar la atención, hay que reconocer que el ingenio a veces brilla más bajo presión.
Hoy vivimos un nuevo “boom” tecnológico bélico, pero esta vez la pólvora es digital. Ya no hablamos solo de la carrera por construir el tanque más pesado o el avión más rápido, sino de enjambres de drones autónomos, ciberataques impulsados por Inteligencia Artificial (IA) y algoritmos capaces de procesar millones de datos en segundos para tomar decisiones tácticas en el campo de batalla. La velocidad con la que estas tecnologías evolucionan hace que muchas de sus aplicaciones se expandan rápidamente más allá del ámbito militar.
Como profesional que trabaja con datos todos los días, confieso que el panorama es tan fascinante desde lo técnico como escalofriante desde lo ético. El gran peligro de esta carrera armamentista del siglo XXI es la delegación de decisiones críticas a las máquinas. ¿Qué pasa cuando un modelo predictivo, que por naturaleza estadística tiene márgenes de error y sesgos, decide quién es un blanco legítimo y quién no?
A diferencia de un soldado de carne y hueso, un algoritmo no siente miedo, pero tampoco compasión ni sentido común. Es pura matemática aplicada. Y cuando cruzamos la línea de permitir que un software tome decisiones letales sin supervisión humana, entramos en un terreno donde la tecnología deja de ser una herramienta para convertirse en un riesgo.
Sin embargo, es fundamental presentar los argumentos a favor y en contra. Caer en el pánico absoluto sería ignorar la otra cara de la moneda. Las mismas redes neuronales que hoy se entrenan para identificar camuflajes enemigos en fracciones de segundo, mañana podrían ser las que detecten tumores en radiografías con una precisión inédita que salve vidas en nuestros hospitales. La historia muestra que muchas tecnologías nacidas en contextos de conflicto terminan encontrando aplicaciones civiles que transforman positivamente la vida cotidiana.
El verdadero desafío que tenemos como sociedad no es frenar el avance tecnológico, algo tan inútil como intentar tapar el sol con un dedo, sino exigir una gobernanza global y local robusta. La velocidad del desarrollo tecnológico exige marcos regulatorios capaces de anticipar riesgos y establecer límites claros.
No podemos dejar que la urgencia de los conflictos dicte las normas éticas del futuro. Es hora de que, desde la academia, el sector público y la ciudadanía, nos sentemos a conversar seriamente sobre dónde trazaremos la línea, antes de que la propia tecnología decida borrarla por nosotros.
Dr Danilo Leal, Director del Magíster en Ciencia de Datos e IA, U. Andrés Bello
Investigador ITiSB
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